Llevo semanas observando a un hombre, camina por la calle sin rumbo, con el sol en la piel que lo ha tostado mas que a nadie..unas veces mas erguido, otras mas contento, otras abatido y unas muchas mas que no puede andar ya con equilibrio.
Parecerìa ser un personaje familiar en el paisaje de todos los días del malecón, es propiamente un elemento “urbano” de la jungla; para mi lo mas curioso es pensar en la historias, los artificios, el recaudo de tesoros y dolores que puede traer a cuestas en una mochila sobre la espalda, negra , vieja, desgastada …pero llena, muy llena.
Creo que el cielo es su techo y la arena su cama..el mar su ducha y lo que encuentra en cada dia su alimento; me cuestiono tanto ¿còmo habrá llegado aquí…en què parte de su vida se ha perdido ,dónde habrán quedado sus sueños, su realidad, sus miedos? Parecería que todo se ha quedado encerrado en la mochila, que su futuro se desvaneció en la bebida , que su brújula se detuvo en algún tránsito caòtico y siniestro que detuvo su avance.
Cómo él, otros dos personajes se integraban en el camino, entre los tres “teporochos” hacían el deleite gráfico de los bailes con la música dispuesta para los paseantes; han sido fuente de risas y sonrisas, con un toque de burla y hasta un dejo de desprecio…pero al final parte de la comunidad del lugar…sólo que uno se encontró muerto la semana pasada. Seguramente ahogado en su miseria, en la bebida que le permitia olvidar y asfixiar el calor de la costa .
El hombre de la mochila negra sigue deambulando y yo, sigo intrigada por conocer su historia….dicen que fue una decepción amorosa, las frac turas de la vida ¡son inevitables! ¿pero, que contiene su bolsa de tesoros arada y polvorienta?
